Press enter to see results or esc to cancel.

Leyendas para el Día de Muertos en Cuautitlán Izcalli

Share Button

Con motivo de nuestras fiestas de “Día de Muertos” fui a visitar a la Lic. Paola Marcela Aguilar Nava, Historiadora y Cronista Municipal Cuautitlán Izcalli para que nos compartiera algunas de las Leyendas de Día de Muertos.

Paola comentó que parte importante en la tradicional oral en estas festividades, son las llamadas leyendas, que son relatos de vivencias que se ubican en un espacio, tiempo y lugar, que la gente los cree verdaderos y que por lo tanto, se convierten en parte importante de sus creencias.

 Muchas de estas leyendas nacen en nuestros pueblos en donde todavía se cuentan y permanecen en la memoria de sus habitantes, las cuales se trasmiten de generación en generación y que sin duda forman parte de sus creencias.

 Un lugar donde se generan varías leyendas es en el pueblo de San Juan Atlamica, ya que por este poblado pasa uno de los afluentes de agua más importantes del municipio, el Río Grande o también llamado Cuautitlán y del cual se cuentan un sin fin de historias como la que  relato la señora Josefina que dice así:

 rio_cuautitlan2La vida de las mujeres que trabajamos el campo fue muchas veces muy dura,  mi papa quién tenía parcelas y vacas, nos levantaba muy temprano para ayudarle a mi mamá a ordeñar las vacas, luego ayudábamos en las labores domésticas y molíamos el maíz para hacer las tortillas que íbamos a consumir durante el día.

 Mi papa se llevaba a pastorear a las vacas rumbo al río y muchas veces nos mandaba a mi hermana y a mi ha realizar está labor,  cuando nosotras íbamos mi mamá nos ponía en una canasta de mimbre, frijolitos, tortillas y una rica salsa hecha de tomate que ella misma preparaba para que aguantáramos el hambre en la jornada que muchas veces se tornaba muy dura.

 El caminar por el bordo del río con las vacas, era una actividad tranquila, nos acompañaban dos perros que eran los que mantenían unidas a las vacas, nosotras solo vigilábamos. Un día se nos hizo tarde, ya comenzaba anochecer y estábamos algo lejos de casa, el sonido del río era estimulante pero conforme iba anocheciendo, el sonido nos fue llenando de miedo. Así comenzamos el regreso, distraídas y jugueteando con las ramas de los árboles, como a trecientos metros delante de nosotras, comenzamos a ver una tenue luz blanca, por la distancia no identificamos que era, conforme avanzábamos, aquella luz se acercaba cada vez mas, el horror y el miedo fue creciendo, los perros comenzaron a ladrar a lo que había enfrente, a casi cincuenta metros de distancia reconocimos la figura de una mujer que vestía un vestido largo de color blanco, su cabello era largo y muy negro, su rostro era pálido sin vida, yo con mucho temor jale a mi hermana a un bordo que se ubicaba aún costado del río, la mujer paso enfrente de nosotras, con asombro nos dimos cuenta de que no tenía pies, iba como flotando,  no nos miro, y siguió su camino. Mi hermana y yo salimos del bordo, llenas de miedo, comenzamos a caminar mas aprisa, las vacas como si estuvieran hipnotizadas, no querían caminar, los perros ladraban y el horror volvió a recorrer nuestros cuerpos cuando de repente escuchamos el lamento de aquella mujer que decía “Haaaaaaaay miiiiiiiis hijos”. Las vacas como si las hubieran despertado, comenzaron a caminar, lo mas rápido que pudimos continuamos nuestro trayecto. Desde aquel día nunca mas volvimos llegar tarde, y hoy que recuerdo este suceso, mi piel se pone chinita de miedo al recordar el lamento de dolor de aquella pobre mujer.

 paola-cronista-izcalliComo esta historia hay cientos que se cuentan en los pueblos de nuestro Izcalli, así que si quieres conocer más, visita a nuestra cronista en el parque del espejo de los Lirios quien con gusto te contará más historias, por cierto, ya escribió un libro sobre todas las leyendas de Izcalli el cual pronto estará publicado.

Share Button

Comments

Comments

Leave a Comment


*