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El secuestro es una epidemia que carcome a Izcalli.

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amber-izcalliEl martes dos de diciembre, una familia de Izcalli recibió la peor noticia imaginable. Luego de ocho días de haber desaparecido, el cuerpo de su pequeña hija de doce años fue encontrado, sin vida y con evidencia de haber sido sometida a distintos tipos de abusos.

Liliana era una niña que recién había pasado de la primaria a la secundaria. Fue secuestrada por dos criminales que la siguieron al salir de la escuela, mientras caminaba acompañada por dos de sus compañeros, a las ocho de la noche del 24 de noviembre.

El dolor que embarga a sus padres, la familia Morales Flores, y a los compañeros de escuela de Liliana es el dolor de todos en Izcalli. Se trata de un crimen alevoso, un crimen sin sentido, que hiere a la familia y a todos en Izcalli y en el Estado de México. Se trata de un crimen para el que las autoridades parecen no tener respuestas; un crimen que, como muchos otros similares, cometidos en otros municipios del Estado de México, muy probablemente quedará impune.

Sin embargo, es también un crimen que debe llamar nuestra atención. No es concebible que, como sociedad permanezcamos impávidos, insensibles, ante este tipo de hechos. Urgen cambios que mejoren la calidad de la prevención, que garanticen a todos los izcallenses el derecho a caminar en paz, de la casa a la escuela o al trabajo, sin ser presa de este tipo de hechos.

Urge que, como sociedad seamos capaces de garantizar, especialmente a los más jóvenes el derecho a poder acudir en paz a la escuela, a vivir libres de miedo, a no crecer en este ambiente de zozobra y miedo en el que vivimos ahora.

el-mapa-del-secuestro-en-mEl secuestro es una epidemia que carcome a Izcalli y al Estado de México. En los quince meses que van de agosto de 2013 a octubre de 2014, se han reportado ante las autoridades siete secuestros de izcallenses. En el Estado de México, la cifra para el mismo periodo es de 338 casos reportados. A esas cifras tendríamos que agregar los muchos secuestros, levantones y secuestros exprés que los familiares no reportan porque lograron pagar los rescates o, en algunos casos, porque desconocen cuál es la situación de quienes están secuestrados o desaparecidos. Urge un profundo cambio en el enfoque de la seguridad pública en nuestro municipio y el Estado de México.

Por lo pronto, deseo expresar mi más sentido pésame a la familia de Liliana. Debemos honrar la vida de Liliana; lograr que, sin importar que su valiosa vida haya sido malograda por la maldad de los criminales y la ineptitud de las autoridades, su sacrificio adquiera sentido.

Las lágrimas de su madre, de su padre y del resto de su familia deben ser un llamado a todos nosotros para dar el golpe de timón que acabe con esta epidemia de violencia en que nos encontramos. Otras ciudades y estado de México esperaron demasiado, aguantaron de más, confiaron demasiado en que las cosas se iban a arreglar solas y no se arreglaron. No dejemos que eso pase en nuestro municipio.

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